Las crié con mis manos, con ternura y con fe,
con caricias y sueños que nunca olvidé.
Sus risas llenaban mi casa de sol,
eran mi fuerza, mi vida, mi amor.
Las vi dar sus pasos, tan puras, tan fiel,
con miradas de cielo y perfume de miel.
Hoy son mujeres, madres también,
y yo sigo siendo su abrigo, su bien.
Las extraño pequeñas, jugando a soñar,
con sus voces de ángel llamándome “papá”.
El tiempo camina, no puede borrar,
que Andrea y Rosario son mi eternidad. ❤️