Me llamo Jose Ángel, pa’ que quede anotado,
del rancho vengo firme, jamás me he rajado.
Entre polvo y potreros aprendí a soñar,
con botas bien puestas y ganas de avanzar.
Desde morro la cancha fue mi segundo hogar,
un balón en los pies y el alma por ganar.
No todo fue sencillo, hubo que aguantar,
pero el que nace terco no sabe aflojar.
Ay jefita querida, aunque estés en otro estado,
te llevo en cada paso, nunca te he olvidado.
Tus consejos me cuidan cuando pega el viento,
eres fuerza silenciosa en cada intento.
Los caballos relinchando al amanecer,
me recuerdan que la vida es saber correr.
El rancho no es pobreza, es forma de ser,
es respeto, palabra y saber responder.
Y a mi novia le canto sin tanto rodeo,
ella sabe mis miedos y también mis deseos.
Cuando el mundo se pone pesado de más,
con mirarla a los ojos todo vuelve a estar en paz.
Jose Ángel se llama el que sigue de pie,
con rancho en la sangre y fe en lo que cree.
Entre fútbol, caballos y amor verdadero,
voy marcando mi historia… paso a paso y sincero.