A lo lejos, el océano es de fuego;
El sol se quema y se hunde como un barco,
Dejando rastros de luces y de sombras,
Y en mí, el reflejo de tu mirada.
Tantos perros que le ladran a la luna;
¡Vaya uno a saber qué desdichas locas!
La soledad se pasea por las calles,
Buscando con quién tomarse unas copas.
Por el boulevard, la noche duerme sola;
En cada esquina, el viento silba un tango;
Yo acurruco mi alma en un umbral oscuro,
Y me sumerjo en un sueño de olvido.