Me enamoré de su sonrisa
Me enamoré de su sonrisa, de la forma tan bonita que tenía de reírse con los ojos. Me enamoré de sus manías, de sus locuras, de sus rarezas. Me enamoré de sus gestos, de la manera tan suya de saludar, de mirar, de caminar.
Me enamoré de su forma de ser tan complicada y a la vez tan sencilla. De sus defectos, de sus virtudes, de su luz, y de sus sombras. De su capacidad para sacarme de quicio y, a los cinco minutos, morirme de amor por ella.
Me enamoré de la forma en que se mordía el labio cuando estaba nerviosa, de la manera en que se le llenaban los ojos de brillo cuando hablaba de lo que le apasionaba. Me enamoré de la fragilidad que escondía detrás de esa coraza que construyó para no ser herida.
Me enamoré de su bondad, de su generosidad, de su alma. Me enamoré de la forma en que el mundo se paraba cada vez que la tenía cerca, del efecto que su presencia tenía en mí, de la paz que me transmitía.
Me enamoré de ella por lo que es, por lo que fue y por lo que será. Me enamoré de ella sin quererlo, sin buscarlo, sin esperarlo. Y si algún día me toca marcharme, me iré con la certeza de que me enamoré de la persona más maravillosa que he conocido, y que su sonrisa seguirá siendo mi lugar favorito.