Mi Historia
Nací aprendiendo que la vida no siempre juega limpio,
que hay heridas que se esconden detrás de una sonrisa
y dolores que uno carga sin decir una palabra.
Crecí buscando mi lugar,
tratando de entender por qué algunas cosas me tocaron a mí.
Hubo noches de miedo,
momentos donde sentí que me rompía por dentro,
pero seguí caminando.
Perdí personas, me equivoqué,
caí muchas veces y me levanté otras tantas.
Me señalaron por errores que ni siquiera elegí,
y cargué culpas que no me pertenecían.
Lo que más me duele no son las peleas,
ni las palabras que lastiman.
Lo que más me duele es extrañar a mi hermano,
a mi compañero de vida,
a quien conocía mis silencios sin que tuviera que hablar.
Éramos inseparables,
hasta que el dolor se metió entre nosotros.
Y aunque hoy haya distancia,
aunque el enojo siga ocupando espacio,
lo sigo amando igual.
Porque la sangre no se borra,
los recuerdos no se olvidan,
y hay abrazos que uno sigue esperando
aunque pasen los años.
Hoy sigo peleándola,
con mis miedos, mis cicatrices y mis sueños.
Tratando de ser mejor,
de construir algo para mi hija,
de demostrar que una historia difícil
no tiene por qué tener un final triste.
Y si algo aprendí,
es que no soy lo que me hicieron,
soy lo que elegí ser después de sobrevivir.
Esta es mi historia.
No perfecta.
No fácil.
Pero mía.
Y mientras tenga fuerzas para seguir,
voy a seguir creyendo
que algún día las heridas sanan,
los abrazos vuelven
y el amor encuentra el camino de regreso.