Esta noche elevamos nuestras voces al Cielo
por cada alma necesitada en toda la tierra.
Por los hambrientos que no tienen pan,
y por los sedientos que anhelan agua.
Por los niños que lloran durante la noche,
y por las familias que no logran sobrevivir bajo el peso de la pobreza.
Por los que no tienen hogar y duermen en las calles,
en automóviles, debajo de puentes o en lugares abandonados;
y por todos los que no tienen refugio,
ni calor, ni un lugar seguro donde descansar.
Por los ancianos que se sienten olvidados,
por los abandonados y los solitarios,
por quienes viven sin amor,
sin visitas, sin consuelo,
y sin una mano que los acompañe.
Por los enfermos y los que sufren,
por quienes están en hospitales,
por los que viven con dolor,
por quienes luchan contra enfermedades,
por los que esperan sanación,
y por aquellos que ya no pueden cuidar de sí mismos.
Por los moribundos,
por las almas en sus últimos momentos,
para que reciban misericordia,
paz, arrepentimiento
y la luz de Cristo antes de partir de este mundo.
Por todos los que han partido de esta vida,
y por las almas que se purifican en el Purgatorio,
para que Dios, en Su infinita misericordia,
las lleve al gozo del descanso eterno.
Por quienes viven atrapados en la oscuridad,
por los esclavizados por las adicciones,
la violencia, el miedo, el abuso, la desesperación, el odio y la confusión,
y por toda cadena del mal.
Por los prisioneros y todos los encarcelados,
por los culpables y los injustamente acusados,
por quienes son consumidos por la ira,
y por los corazones que anhelan redención y perdón.
Por las víctimas de la guerra,
por los refugiados,
por quienes huyen del peligro,
por las naciones que viven con temor,
y por toda vida inocente atrapada en la violencia.
Por las madres y los padres que luchan por sostener a sus familias,
por las viudas y los huérfanos,
por los niños no nacidos,
por los niños abandonados,
y por toda familia herida que busca esperanza.
Por quienes sufren en silencio depresión,
ansiedad, tristeza, trauma y soledad;
por quienes se sienten invisibles,
y por aquellos que creen que a nadie les importan.
Por toda víctima de abuso,
trata humana, negligencia, injusticia
y crueldad.
Por los trabajadores agotados por el esfuerzo diario,
por quienes no tienen empleo,
por los que viven ahogados en deudas,
y por las familias cargadas por dificultades económicas.
Por los perseguidos a causa de su fe,
por los misioneros,
por la Iglesia en todo el mundo,
y por todos los que defienden la verdad en tiempos de oscuridad.
Por los socorristas, bomberos, enfermeros,
médicos, cuidadores, policías,
y por todos los que arriesgan sus vidas para proteger a los demás.
Por toda alma alejada de Dios,
por quienes ya no creen,
por aquellos cuyos corazones se han enfriado,
y por todos los que buscan sentido, verdad y salvación.
Señor Jesucristo,
que Tu misericordia alcance al mundo entero;que el amor venza al odio y ninguna alma sea olvidada.”
“Dios nos bendiga por siempre” Amén