Renací en la oscuridad
no fue la luz la que me salvó.
Fue el silencio el que gritó mi nombre
cuando el mundo me dejó sin voz.
Caminé donde nadie ve,
donde tiemblan las verdades,
pero encontré pedazos de mí
entre sombras ancestrales.
Y ya no huyo del abismo,
ni tapo lo que dolió…
porque abajo de mi miedo
había un corazón.
El fuego no me quemó,
me devolvió el corazón.
Y cuando sentí dolor por primera vez,
supe que estaba viva.
Supe que podía amar.
Supe que la empatía no era una herida,
sino el lenguaje secreto de las almas que cruzaron la sombra
y regresaron más verdaderas.
Ya no creo en salvaciones rápidas,
ni en promesas que brillan sin raíz.
Ahora abrazo mis ruinas sagradas,
porque ahí fue donde volví a existir.
He sangrado mil silencios,
pero al fin puedo nombrar
cada grieta que me habita
como parte de mi hogar.
Ya no le temo a la noche,
porque soy parte de ella también.
La oscuridad me parió de nuevo,
y al fin entendí quién es quién…
El fuego no me quemó,
me devolvió el corazón.
Y cuando sentí dolor por primera vez,
supe que estaba viva.
Supe que podía amar.
Supe que la empatía no era una herida,
sino el lenguaje secreto de las almas que cruzaron la sombra
y regresaron más verdaderas.
No fue una caída,
fue una iniciación.
El dolor no fue castigo,
fue mi transformación.
El fuego no me quemó,
me devolvió el corazón…
Y ahora sé que todo lo oscuro
fue la luz
de mi interior.