Los selfies desde la cama son una combinación macabra de necedad y necesidad.
La necesidad de sentir que se te necesita.
Entorpecida por la necedad de no saber hacerse necesitar.
O notar.
Es como cantar a capela una canción sin letra.
Es la nada.
La tecla rota de un piano a combustión.
Expectativas e intención se deben a la razón.
No al corazón.
Éste sólo sirve para bombear sangre.
Y facilita las rimas en sus ratos libres.
Como pasatiempo.
Cualquier acción cuya intención sea demandar atención preciosa de lógica.
Y participación.
Exigir a tu público una observación activa tras presentarte como la nada denota demora cognitiva.
La activación del ego ha de nacer en ti y encontrar en tu pecho el impulso necesario para volver atrás.
Permaneciendo en un rebote constante dentro de tu ser.
Las consecuencias de dejarlo salir son predecibles.
Calculables.
Con total precisión.
Precisión matemática.
Masa por aceleración dividido entre tus carencias cognitivas es igual a la superficie cuadrada de tus huevos gordos.
En caso de poseer un coño en propiedad, la fórmula varía.
Y lo hace en función de los huevos de quienes jamás tuvieron un coño.
O lo vieron.
El motivo de tal desajuste aún está por determinar.
Y catalogar.
Para algún que otro subnormal.
Y a la espera de inicio de obra para quienes prefieren vivir entre vivas que viven sin miedo a vivir.
Pero ese es un tema asícomoquesupertocho que ahora mismo no procede.
No hasta que sepamos qué planes tiene el FC. Barcelona para la próxima temporada.
En resumen.
O en definitiva.
O porque ya me estoy dejando cogío yo a mí mismo y creo que es hora de cerrar este post.
Publicar desde la cama conlleva hacerlo descansando sobre una mente en descanso.
Y los resultados pueden ser desconcertantes.
Pero joder.
No me apetecía moverme.
De ahí todo.
Sin más.