En tierras sagradas, bajo el sol ardiente,
Se alza la historia de un pueblo valiente.
El gran Tenochtitlán, en su esplendor,
Cayó ante la sombra de un invasor.
Moctezuma en su trono, en la cúspide del poder,
Vio el fin acercarse, sin poderlo detener.
Los guerreros jaguar, en la guerra sin miedo,
Defendían su tierra, con espíritu y deseo.
El maíz, símbolo de vida y sustento,
Lloraba en silencio, testimonio y lamento.
Huitzilopochtli, dios guerrero y sol,
Luchó en el corazón, con fuego y con rol.
La caída de Tenochtitlán, la historia que arde,
Voces de guerra y sangre, en la historia marcada.
Espadas cortan el aire, historia sin igual,
De un pueblo que luchó, contra un destino fatal.
Ecos de un imperio, en las piedras y el sol,
Memorias de un pueblo, con alma y fervor.
La tierra lloró, pero también permaneció,
La fuerza de su espíritu, que nunca murió.
Hoy recordamos con honor y verdad,
La historia de Tenochtitlán, su lucha y su voluntad.
Nunca olvidaremos, su valentía y amor,
Bajo el cielo azteca, su eterno clamor.