Verso 1)
Cuando llegaron los barcos
del otro lado del mar,
trajeron ley y espada
y un deseo de ganar.
Buscaban oro y tesoros,
todo querían tomar,
y en los cerros mexicanos
la mina hicieron cavar.
(Verso 2)
En Taxco empezó la historia,
Zacatecas vio el sudor,
Guanajuato abrió caminos
a la fuerza del señor.
El indígena en la veta,
sin descanso ni perdón,
mientras la corona en España
celebraba su ambición.
(Coro)
Ay, plata de mis montañas,
testigo del cruel dolor,
de un pueblo que fue obligado
a trabajar sin honor.
Pero aunque el tiempo nos duela
y aún se escuche su clamor,
México siempre resiste,
México siempre es valor.
(Verso 3)
Con la encomienda mandaban,
no podías ni reclamar,
y al que no obedecía
lo hacían desaparecer.
Las cuevas eran cadenas,
el trabajo era prisión,
pero en el pecho del pueblo
nació también la unión.
(Puente)
Muchos quedaron sin nombre
y otros sin respirar,
la mina guardó sus almas
que nadie pudo apagar.
Porque en cada golpe al filo
se escuchaba el mismo cantar:
“Somos hijos de esta tierra,
y nadie la va a quebrar”.
(Coro final)
Ay, plata de mis montañas,
ya no sangres de dolor,
que hoy recordamos la historia
con respeto y con honor.
Mineros que dieron vida
a un país que renació,
México sigue de pie,
México nunca cayó.