En nuestra tierra, y en destinos extranjeros,
Vivió un hombre noble, de propósito y de fe.
Era mi padre, el Pastor entre los verdaderos,
Quien dejó las vanidades por la senda de la Ley.
Desde mi niñez, pude ver su alto interés,
Por el púlpito, el altar y el santo llamamiento;
A sus hijos la Palabra con firmeza nos legó,
Su única herencia fue el Evangelio, nuestro sustento.
Nunca codició el efímero oro, ni el prestigio vano,
Rindió sus ambiciones al servicio de su Dios.
Cruzando las veredas, llevó el mensaje en su mano,
Su recompensa era el rescate de las almas, por Su voz.
¡Oh, Padre amado! Con alma fuerte, cual guerrero en la batalla,
Avanzaste en la lid, sin doblegar tu paso, con valor.
Y tu gran lema, que hoy mi espíritu no calla:
"Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia."
Recorriste los rediles, sin fatiga ni desmayo,
La Santa Escritura impartiendo, almas para el Creador.
Con firmeza santa, impulsado por el Amor que no hay,
Tu meta fue que el mundo conociera a nuestro Pastor.
La jornada terrenal llegó a su fin y hora,
De recibir la corona que el Señor te confió.
Cesó la ardua brega, terminó la larga zozobra,
A tu Hogar subiste con el rebaño que aquí formaste tú.
¡Mi Padre, tu labor en la Tierra ha culminado!
Al lado del Maestro continuas tu obra, lo sé.
El Pastor Jesús Madrid ha sido glorificado,
"Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia."