Querida mamá:
Han pasado 31 años desde que dejaste este mundo y, de alguna manera, todavía te extraño de maneras que no siempre tengo palabras para describir. El tiempo ha pasado, las estaciones han cambiado y la vida me ha impulsado hacia adelante, pero una parte de mi corazón siempre ha permanecido contigo.
Pienso en ti a menudo. Me pregunto cómo sonaría tu voz hoy, qué consejos me darías y cómo tu risa llenaría una habitación. Hay momentos en que te necesito y todavía te busco en mis pensamientos, esperando que de alguna manera puedas escucharme.
Desearía más que nada que hubieras conocido a mis hijos. Son hermosos, amables y llenos de vida. Veo partes de ti en ellos: en sus sonrisas, en sus corazones, en el amor que brindan con tanta generosidad. Les hablo de ti, aunque nunca tuvieron la oportunidad de conocerte aquí. Quiero que sientan tu presencia, que sepan que provienen de una línea de amor que comenzó contigo.
Mamá, tu amor no terminó con tu partida. Sigue vivo en mí y fluye a través de mis hijos. Me guía cuando estoy insegura y me consuela cuando estoy cansada. Incluso después de todos estos años, sigues siendo mi madre y yo sigo siendo tu hija.
Te llevo conmigo siempre. Hasta el final, y más allá, eres amada, recordada y nunca olvidada.
Con todo mi amor,
Tu hijo, te amo.