Voy a cantarles señores una historia verdadera, de un querer que fue silencio y se quedó en la frontera. Fue un seis de septiembre claro cuando el destino quiso, ponerla frente a mis ojos sin saber a lo que me iba. Era mujer de mirada que no se mira dos veces, de esas que con una risa te cambian todos los planes. Pasaron meses enteros cruzando miradas lentas, yo guardándome el sentir por respeto y por conciencia. Pero el querer no se manda ni se amarra con palabras, ella tomó otro camino y la vi desde mi espalda. Ya no volvió al mismo sitio donde el destino nos vio, y comprendí que en la vida no todo amor se dio. Cautivada por un tiempo que no fue para quedarse, la quise como se quiere cuando no se puede amarse. No le reclamé su rumbo ni maldije la ocasión, porque el hombre que es derecho sabe guardar el honor. Pude decirle lo mío pero opté por el silencio, no quise herir corazones ni jugar con juramentos. Hay amores que se viven solo dentro del pensar, y aunque duelan con los años no se deben confesar. Aquí termina el corrido de un querer que fue sincero, no todo amor se hace vida pero deja un buen recuerdo.