Desde la tierra caliente, donde el sol quema de más,
Donde nacen los valientes, allá en Apatzingán.
Ahí comenzó su historia, un guerrero de verdad,
Que aunque la vida fue dura, supo tener dignidad.
No le fue fácil el viaje, se forjó desde chamaco,
Con callos en las manos, sin tregua, sin un atraco.
Tuvo mil oficios duros, para poder subsistir,
Y a la pobreza y al hambre, él les supo resistir.
Su infancia quedó marcada, por la necesidad feroz,
Mas nunca bajó la frente, confió en la fuerza de Dios.
Vio caras que lo traicionaron, sintió la espalda al voltear,
Pero eso no lo detuvo, solo le dio más lugar.
Noble y franco de corazón, el de Apatzingán, así es el
Que no se vence con nada, que mantiene siempre la calma.
Con trabajo y disciplina, fue trazando su camino,
Demostrando que el destino se labra como un buen pino.
Mire usted lo que ha logrado, con su esfuerzo personal:
La huerta de aguacates verde, un negocio sin igual.
Casas y carros tiene, fruto de la gran labor,
Sabe que lo más valioso, es su grandeza interior.
Que lo escuche todo el mundo, esta es la ley del ranchero:
Para alcanzar la gloria, hay que ser noble y guerrero.
Un saludo a Michoacán, su tierra lo vio crecer,
Y hoy lo ve como un ejemplo de honor, poder y querer.