Verso 1
Junto al estanque yo solía esperar,
treinta y ocho años sin poder andar.
Mi alma cansada, sin fuerzas ya,
miraba el agua sin poder llegar.
Verso 2
Vi pasar la vida desde mi dolor,
nadie se acercaba con compasión.
Pero un día la gracia me miró,
y en un instante todo cambió.
Verso 3
Pensé que el milagro vendría del lugar,
del movimiento del agua al agitar.
Pero no sabía que el cielo vendría,
vestido de hombre, trayendo alegría.
Verso 4
Sus ojos me vieron sin juicio ni ley,
no preguntó todo lo que fallé.
Solo bastó una palabra suya,
y mi corazón volvió a tener fe.
Coro
Y una voz rompió el silencio,
más fuerte que mi aflicción:
“¿Quieres ser sano, hijo mío?”
me habló el autor de la salvación.
Sin tocar el agua, sin condición,
su palabra me dio redención.
“Levántate y anda”, dijo el Señor,
¡y mis pies danzaron por su amor!
Verso 5
La carga en mi espalda se desvaneció,
al pronunciar su palabra, todo cambió.
No fue magia ni suerte, fue su verdad,
pues donde Él llega, hay libertad.
Verso 6
Ahora camino, y no solo andar,
llevo su nombre, lo quiero anunciar.
A cada alma que sufre en dolor,
le diré lo mismo que dijo el Señor:
Puente
Cuando ya no quedan fuerzas,
cuando todos se han ido ya,
aún hay uno que se acerca,
y su poder me levantará.
No esperes más al mover del agua,
cuando el mismo cielo se te acerca hoy.
Jesús está aquí, su voz resuena:
“Levántate, cree, y vive en mi amor.”
Coro final
Y su voz sigue llamando,
al que sufre en soledad:
“¿Quieres ser sano? Yo soy el camino,
el agua viva, la verdad.”
Ya no hay más espera, ya no hay temor,
su amor es mi sanador.
“Levántate y anda”, dice el Señor,
¡y mi alma canta por su amor!