Sin querer iniciamos el juego De la seducción bajo la luna En aquella habitación Cómplice de los dos
Me perdi en aquellos ojos Tan profundos y risueños Nunca pensé que solo con tu mirar Estremecerías todos mis sentidos Y me harías suspirar
Te convertiste en aquel sueño Del cual no quiero despertar Sin duda alguna el dueño Que a mi pasión hace volar
Tu piel y la mía es un fuego Que nos consume con solo tocamos Poco a poco sin darnos cuenta caemos En este abismo de lo ajeno
Las palabras se convierten en caricias
Y las miradas en cómplices de deseo
Dos almas que se pierden en placer
Siendo algo prohibido al anochecer
Y un secreto que empieza al amanecer