Mmm… mmm… mmm…
Le di el abrazo que detiene temblores,
el que apaga pesadillas a las 4 a.m.
Mis brazos eran refugio,
mi pecho era su almohada,
y aun así…
se durmió en otro colchón.
Yo cargué su tormenta,
tú le diste un paraguas de lujo.
Yo fui el silencio que la calmaba,
tú fuiste el ruido que la distrajo.
¡El abrazo que no sirvió!
Se quedó en el aire, frío.
¡El abrazo que no sirvió!
Lo guardo como una cicatriz.
Y tú… tú ni lo notaste.
Le presté mi chaqueta en la lluvia,
le di mi hombro cuando el mundo pesaba.
Contesté “estoy aquí”
aunque estuviera en la otra punta del mapa.
Y tú…
le compraste un café con tu nombre escrito.
Eso bastó.
Mis “te cuido” eran reales,
tus “te quiero” eran stories.
Mis noches eran guardia,
tus mañanas eran victoria.
¡El abrazo que no sirvió!
Se quedó en el aire, frío.
¡El abrazo que no sirvió!
Lo guardo como una cicatriz.
Y tú… tú ni lo notaste.
No quiero que vuelva.
Solo quiero que sepa
que alguien la sostuvo
cuando nadie más lo hizo.
El abrazo… el abrazo…
que no sirvió…
¡EL ABRAZO QUE NO SIRVIÓ!
¡Se quedó en el aire, frío!
¡EL ABRAZO QUE NO SIRVIÓ!
¡Lo llevo tatuado en el alma!
Y tú…
¡TÚ NI LO NOTASTE!
El abrazo que no sirvió…
se lo lleva el viento.
Yo sigo aquí.
Con los brazos abiertos.
Pero ya no para ella.