Quisiera cantarte siempre,
cada vez que yo te miro,
porque todos mis latidos
dan la nota al corazón.
Y el eco de tu voz clara
va dibujando mi canción;
no hace falta partitura
para cantar esta locura.
Solo quédate conmigo,
no me quites la mirada,
pues tú eres mi melodía,
el faro que me hace brillar.
Y si el tiempo nos detiene
o el silencio ha de reinar,
este acorde que creamos
jamás se apagará.
Porque tú eres mi canto,
la rima perfecta y viva
de mis días y mis noches,
la partitura de mi ser.
Y juntos en este viaje
bailaremos sin temor,
al compás de nuestro ritmo,
del latido y del amor.