A veces te miro correr por la banda
y siento un nudo en la garganta.
No es orgullo solamente, es nostalgia.
Es el fantasma del jugador que no fui
intentando ponerse tu camiseta.
Pero hoy me detengo en seco.
Miro tu espalda pequeña
y me doy cuenta de que es injusto
cargarla con el peso de mis trofeos invisibles.
No naciste para meter los goles que yo fallé.
No naciste para sanar mi rodilla rota
ni para escuchar los aplausos que yo no tuve.
Si amas el fútbol, que sea por ti.
Por tu risa, por tu juego, por tu sudor.
Pero si un día prefieres la música, los libros o el silencio,
sabré colgar mis ganas en el armario.
Porque antes que futbolista,
antes que una promesa,
eres mi hijo.