En Múzquiz, tierra querida,
se escucha con emoción,
el corrido de un buen hombre
maistro de gran corazón.
Se llama Manuel Rodríguez,
Sosa en su apellido fiel,
con la pala y la cuchara
levantó paredes él.
Ocho hijos son su orgullo,
su familia, su razón,
y al lado de Rosa Ibarra
construyó vida y unión.
Con esfuerzo y con pasión,
día a día se levantó,
pues el trabajo es su escuela
y el sudor lo coronó.
Su casita está de fiesta,
la puerta abierta a la unión,
no hay riquezas ni lujos
pero sobra el buen calor.
Que su ejemplo no se apague,
ni se borre su canción,
pues Manuel dejó en la tierra
su grandeza y vocación.